Los anticuerpos conjugados dirigidos (ADC) frente al receptor de folato-alfa están demostrando un gran potencial en el tratamiento de los tumores de ovario pretratados con platino. El receptor de folato-alfa se encuentra sobreexpresado en un alto porcentaje de tumores de ovario y se ha identificado como una potencial nueva diana terapéutica para la que hay en desarrollo actualmente múltiples fármacos, algunos ya en fase III. De hecho, en 2025 más de 40 ADC están en desarrollo clínico para esta enfermedad.
Los ADC se suman a los fármacos inhibidores de PARP (iPARP) que han revolucionado el tratamiento del cáncer de ovario avanzado, especialmente en pacientes con mutaciones BRCA o alternaciones genómicas concretas, tanto en recaída como en el tratamiento de primera línea. El impacto en supervivencia es claro en pacientes con mutaciones BRCA de línea germinal, junto con una mejoría de la calidad de vida. Estos avances representan un cambio de paradigma en el manejo de la enfermedad.
El avance más destacado en el último año para el tratamiento del cáncer de ovario resistente al platino ha sido la aprobación de relacorilant. Este fármaco introduce un enfoque innovador al actuar como un modulador selectivo del receptor de glucocorticoides; su función principal es bloquear la vía del cortisol que las células tumorales utilizan para evadir los efectos de la quimioterapia. Al combinarse con nab-paclitaxel, relacorilant ha demostrado en ensayos clínicos de fase 3 (como el estudio ROSELLA) una mejora significativa en la supervivencia libre de progresión, ofreciendo una alternativa eficaz para pacientes que ya no responden a los tratamientos convencionales basados en platino.
Por otro lado, la inmunoterapia ha ganado un terreno crucial con la reciente incorporación de pembrolizumab en combinación con quimioterapia para casos específicos. Esta estrategia terapéutica se centra en pacientes cuyos tumores presentan una alta expresión de la proteína PD-L1, permitiendo que el sistema inmunitario reconozca y ataque las células cancerosas de manera más agresiva. Esta aprobación en febrero de 2026 por FDA vino de la mano del estudio fase 3 KEYNOTE-B96 en pacientes con cáncer de ovario avanzado PDL1 positivo resistente a platino.
En el marco de la campaña de comunicación “En Oncología cada AVANCE se escribe en Mayúsculas”, SEOM da a conocer la evolución y los avances médicos que se han sucedido en estas últimas décadas en el tratamiento de los diferentes tumores. Coincidiendo con el Día Mundial del Cáncer de Ovario que se celebra el viernes, 8 de mayo, destacamos a continuación los avances más importantes en cáncer de ovario.
El cáncer de ovario es una enfermedad de mal pronóstico. Es la principal causa de muerte por tumores malignos ginecológicos en el mundo occidental. Varios factores influyen en la alta mortalidad de esta neoplasia, pero el más determinante es que la mayoría de pacientes (70-80%) se diagnostican en estadios avanzados de la enfermedad debido a la dificultad en el diagnóstico precoz.
Según los últimos datos ofrecidos por el Informe de SEOM Las cifras del cáncer en España 2025, la estimación de nuevos casos en nuestro país de esta enfermedad para el año 2025 es de 3.748 casos, lo que la posiciona como el octavo tipo de cáncer más frecuente en las mujeres.
En el campo de la prevención, en 2024 se anunció que investigadores de la Universidad de Oxford han desarrollado OvarianVax, la primera vacuna preventiva contra el cáncer de ovario, dirigida especialmente a mujeres con mutaciones en los genes BRCA1 y BRCA2. La vacuna todavía tiene que demostrar en ensayos clínicos en humanos su eficacia en los próximos años.
En la actualidad, sabemos que es una enfermedad heterogénea. Existen al menos cuatro subtipos histológicos que se comportan de forma distinta, tanto en frecuencia como en pronóstico, y diferentes subtipos moleculares. La identificación de nuevas dianas (deficiencia de la recombinación homóloga o HRD) y la personalización de los tratamientos permiten una mejor selección del tratamiento para nuestras pacientes.
El tratamiento estándar del cáncer de ovario avanzado consiste en la realización de una cirugía con el máximo esfuerzo citorreductor, ya que lograr la resección de todo el tumor visible es uno de los principales factores pronósticos en esta enfermedad. En función de una serie de criterios clínicos, se administra un tratamiento de quimioterapia previo y/o posterior a la cirugía con carboplatino y un taxano, habitualmente paclitaxel. Aunque los resultados del tratamiento primario han mejorado gradualmente, aproximadamente la mitad de las mujeres tendrán una recaída en los tres primeros años.
La elección del tratamiento a la recaída dependerá del tipo tumoral, de la duración de la respuesta a la primera línea, de las toxicidades presentadas y de agentes utilizados, de la situación clínica y preferencias de la paciente y de la presencia o no de mutaciones en BRCA. La identificación de factores predictores / biomarcadores es vital para ello.
Existen otra serie de tratamientos complementarios a los esquemas de quimioterapia que actúan sobre dianas específicas del crecimiento tumoral y que han demostrado ser beneficiosos en diferentes escenarios del cáncer de ovario avanzado. Una de estas estrategias terapéuticas es el tratamiento antiangiogénico, representado por bevacizumab, que persigue el bloqueo de la formación de nuevos vasos sanguíneos por el tumor para así dificultar su crecimiento.
Por otro lado, aproximadamente un 20% de pacientes presentan mutaciones en BRCA 1 / BRCA 2, ya sea a nivel germinal (en todas las células del cuerpo, hereditarias) o somático (en el tumor, no hereditarias). En el momento actual, existe indicación de realizar un estudio genético en todas las pacientes diagnosticadas de carcinoma de ovario epitelial no-mucinoso, independientemente de la historia familiar. Además, entre un 20-30% de pacientes también presenta alteraciones en el tumor en otros genes implicados en las vías de reparación del ADN.
Estos hallazgos han permitido identificar un grupo de pacientes especialmente sensible a los fármacos inhibidores de PARP (iPARP) ya mencionados, fármacos que han sido desarrollados en diferentes ensayos clínicos en los que han participado pacientes que presentaban o no estas mutaciones mencionadas previamente. Aunque con distinta magnitud de beneficio, los inhibidores de PARP han demostrado beneficios en todos los grupos de pacientes (con o sin mutación), y en diferentes contextos de la enfermedad avanzada. Este descubrimiento ha supuesto un gran avance en el tratamiento de los pacientes con cáncer de ovario. A día de hoy, existen tres fármacos aprobados –olaparib, niraparib y rucaparib–.
Los 3 inhibidores de PARP se encuentran aprobados en nuestro país para la recaída platino sensible de cáncer de ovario. Además, olaparib (con o sin bevacizumab). niraparib y rucaparib están también aprobados en el mantenimiento de primera línea tras finalizar la quimioterapia. Recientemente, en nuestro país se ha incorporado rucaparib a la primera línea de tratamiento de cáncer de ovario avanzado, independiente del perfil genético. El uso de inhibidores de PARP en pacientes portadoras de mutación BRCA tiene un claro impacto en la supervivencia global de estas pacientes.
Además, durante 2023 se comunicaron datos prometedores de estudios de combinación de iPARP con inmunoterapia y con antiangiogénicos, una estrategia de tratamiento especialmente interesante para pacientes sin mutaciones de BRCA o sin déficit de recombinación homóloga, que suelen tener un menor beneficio con los iPARP en monoterapia. Este perfil de pacientes representa el principal reto a vencer en los próximos años.
Otro grupo de fármacos que ha demostrado un gran potencial en tumores de ovario pretratados con platino son los anticuerpos conjugados dirigidos frente al receptor de folato-alfa. El receptor alfa de folato se encuentra sobreexpresado en un alto porcentaje de tumores de ovario y se ha identificado como una potencial nueva diana terapéutica para la que hay en desarrollo actualmente múltiples fármacos, algunos ya en fase III de ensayos clínicos. En 2025 más de 40 ADC están en desarrollo clínico para esta enfermedad.
Es por ello que “En Oncología, cada AVANCE se escribe con Mayúsculas”, queremos resaltar que los pequeños avances –cirugía de la recaída, el empleo de terapias dirigidas– considerados de manera aislada, podrían haber sido considerados de escasa relevancia, pero acumulados entre sí han llevado a cambiar en muchos casos de una manera notable el pronóstico, la supervivencia y la calidad de vida de muchas pacientes, todos ellos objetivos imprescindibles en las pacientes con cáncer de ovario.
Bibliografía:
1. Konstantinopoulos P et al. J Clin Oncol 2020;38(11):1222-1245.
2. Colombo N et al. Annals of Oncology 2019;30:672–705
3. Penson R et al. J Clin Oncol 2020;38(11):1164-1174.
4. Moore K et al. N Engl J Med 2018;379(26):2495-2505
5. González-Martin A et al. N Engl J Med 2019; 381(25):2391-2402
6. Ray-Coquard I et al. Ann Oncol 2023;34(8):681-692.
7. Moore K et al. N Engl J Med 2023; 389(23): 2162-2174.
8. Lorusso D, et al. Lancet. 2026 Apr 18;407(10538):1513-1524.
9. Colombo N, et al. Lancet. 2026 Apr 18;407(10538):1525-1537.
Madrid, 6 de mayo de 2026.- Los anticuerpos conjugados dirigidos (ADC) frente al receptor de folato-alfa están demostrando un gran potencial en el tratamiento de los tumores de ovario pretratados con platino. El receptor de folato-alfa se encuentra sobreexpresado en un alto porcentaje de tumores de ovario y se ha identificado como una potencial nueva diana terapéutica para la que hay en desarrollo actualmente múltiples fármacos, algunos ya en fase III. De hecho, en 2025 más de 40 ADC están en desarrollo clínico para esta enfermedad.
Los ADC se suman a los fármacos inhibidores de PARP (iPARP) que han revolucionado el tratamiento del cáncer de ovario avanzado, especialmente en pacientes con mutaciones BRCA o alternaciones genómicas concretas, tanto en recaída como en el tratamiento de primera línea. El impacto en supervivencia es claro en pacientes con mutaciones BRCA de línea germinal, junto con una mejoría de la calidad de vida. Estos avances representan un cambio de paradigma en el manejo de la enfermedad.
El avance más destacado en el último año para el tratamiento del cáncer de ovario resistente al platino ha sido la aprobación de relacorilant. Este fármaco introduce un enfoque innovador al actuar como un modulador selectivo del receptor de glucocorticoides; su función principal es bloquear la vía del cortisol que las células tumorales utilizan para evadir los efectos de la quimioterapia. Al combinarse con nab-paclitaxel, relacorilant ha demostrado en ensayos clínicos de fase 3 (como el estudio ROSELLA) una mejora significativa en la supervivencia libre de progresión, ofreciendo una alternativa eficaz para pacientes que ya no responden a los tratamientos convencionales basados en platino.
Por otro lado, la inmunoterapia ha ganado un terreno crucial con la reciente incorporación de pembrolizumab en combinación con quimioterapia para casos específicos. Esta estrategia terapéutica se centra en pacientes cuyos tumores presentan una alta expresión de la proteína PD-L1, permitiendo que el sistema inmunitario reconozca y ataque las células cancerosas de manera más agresiva. Esta aprobación en febrero de 2026 por FDA vino de la mano del estudio fase 3 KEYNOTE-B96 en pacientes con cáncer de ovario avanzado PDL1 positivo resistente a platino.
En el marco de la campaña de comunicación “En Oncología cada AVANCE se escribe en Mayúsculas”, SEOM da a conocer la evolución y los avances médicos que se han sucedido en estas últimas décadas en el tratamiento de los diferentes tumores. Coincidiendo con el Día Mundial del Cáncer de Ovario que se celebra el viernes, 8 de mayo, destacamos a continuación los avances más importantes en cáncer de ovario.
El cáncer de ovario es una enfermedad de mal pronóstico. Es la principal causa de muerte por tumores malignos ginecológicos en el mundo occidental. Varios factores influyen en la alta mortalidad de esta neoplasia, pero el más determinante es que la mayoría de pacientes (70-80%) se diagnostican en estadios avanzados de la enfermedad debido a la dificultad en el diagnóstico precoz.
Según los últimos datos ofrecidos por el Informe de SEOM Las cifras del cáncer en España 2025, la estimación de nuevos casos en nuestro país de esta enfermedad para el año 2025 es de 3.748 casos, lo que la posiciona como el octavo tipo de cáncer más frecuente en las mujeres.
En el campo de la prevención, en 2024 se anunció que investigadores de la Universidad de Oxford han desarrollado OvarianVax, la primera vacuna preventiva contra el cáncer de ovario, dirigida especialmente a mujeres con mutaciones en los genes BRCA1 y BRCA2. La vacuna todavía tiene que demostrar en ensayos clínicos en humanos su eficacia en los próximos años.
En la actualidad, sabemos que es una enfermedad heterogénea. Existen al menos cuatro subtipos histológicos que se comportan de forma distinta, tanto en frecuencia como en pronóstico, y diferentes subtipos moleculares. La identificación de nuevas dianas (deficiencia de la recombinación homóloga o HRD) y la personalización de los tratamientos permiten una mejor selección del tratamiento para nuestras pacientes.
El tratamiento estándar del cáncer de ovario avanzado consiste en la realización de una cirugía con el máximo esfuerzo citorreductor, ya que lograr la resección de todo el tumor visible es uno de los principales factores pronósticos en esta enfermedad. En función de una serie de criterios clínicos, se administra un tratamiento de quimioterapia previo y/o posterior a la cirugía con carboplatino y un taxano, habitualmente paclitaxel. Aunque los resultados del tratamiento primario han mejorado gradualmente, aproximadamente la mitad de las mujeres tendrán una recaída en los tres primeros años.
La elección del tratamiento a la recaída dependerá del tipo tumoral, de la duración de la respuesta a la primera línea, de las toxicidades presentadas y de agentes utilizados, de la situación clínica y preferencias de la paciente y de la presencia o no de mutaciones en BRCA. La identificación de factores predictores / biomarcadores es vital para ello.
Existen otra serie de tratamientos complementarios a los esquemas de quimioterapia que actúan sobre dianas específicas del crecimiento tumoral y que han demostrado ser beneficiosos en diferentes escenarios del cáncer de ovario avanzado. Una de estas estrategias terapéuticas es el tratamiento antiangiogénico, representado por bevacizumab, que persigue el bloqueo de la formación de nuevos vasos sanguíneos por el tumor para así dificultar su crecimiento.
Por otro lado, aproximadamente un 20% de pacientes presentan mutaciones en BRCA 1 / BRCA 2, ya sea a nivel germinal (en todas las células del cuerpo, hereditarias) o somático (en el tumor, no hereditarias). En el momento actual, existe indicación de realizar un estudio genético en todas las pacientes diagnosticadas de carcinoma de ovario epitelial no-mucinoso, independientemente de la historia familiar. Además, entre un 20-30% de pacientes también presenta alteraciones en el tumor en otros genes implicados en las vías de reparación del ADN.
Estos hallazgos han permitido identificar un grupo de pacientes especialmente sensible a los fármacos inhibidores de PARP (iPARP) ya mencionados, fármacos que han sido desarrollados en diferentes ensayos clínicos en los que han participado pacientes que presentaban o no estas mutaciones mencionadas previamente. Aunque con distinta magnitud de beneficio, los inhibidores de PARP han demostrado beneficios en todos los grupos de pacientes (con o sin mutación), y en diferentes contextos de la enfermedad avanzada. Este descubrimiento ha supuesto un gran avance en el tratamiento de los pacientes con cáncer de ovario. A día de hoy, existen tres fármacos aprobados –olaparib, niraparib y rucaparib–.
Los 3 inhibidores de PARP se encuentran aprobados en nuestro país para la recaída platino sensible de cáncer de ovario. Además, olaparib (con o sin bevacizumab). niraparib y rucaparib están también aprobados en el mantenimiento de primera línea tras finalizar la quimioterapia. Recientemente, en nuestro país se ha incorporado rucaparib a la primera línea de tratamiento de cáncer de ovario avanzado, independiente del perfil genético. El uso de inhibidores de PARP en pacientes portadoras de mutación BRCA tiene un claro impacto en la supervivencia global de estas pacientes.
Además, durante 2023 se comunicaron datos prometedores de estudios de combinación de iPARP con inmunoterapia y con antiangiogénicos, una estrategia de tratamiento especialmente interesante para pacientes sin mutaciones de BRCA o sin déficit de recombinación homóloga, que suelen tener un menor beneficio con los iPARP en monoterapia. Este perfil de pacientes representa el principal reto a vencer en los próximos años.
Otro grupo de fármacos que ha demostrado un gran potencial en tumores de ovario pretratados con platino son los anticuerpos conjugados dirigidos frente al receptor de folato-alfa. El receptor alfa de folato se encuentra sobreexpresado en un alto porcentaje de tumores de ovario y se ha identificado como una potencial nueva diana terapéutica para la que hay en desarrollo actualmente múltiples fármacos, algunos ya en fase III de ensayos clínicos. En 2025 más de 40 ADC están en desarrollo clínico para esta enfermedad.
Es por ello que “En Oncología, cada AVANCE se escribe con Mayúsculas”, queremos resaltar que los pequeños avances –cirugía de la recaída, el empleo de terapias dirigidas– considerados de manera aislada, podrían haber sido considerados de escasa relevancia, pero acumulados entre sí han llevado a cambiar en muchos casos de una manera notable el pronóstico, la supervivencia y la calidad de vida de muchas pacientes, todos ellos objetivos imprescindibles en las pacientes con cáncer de ovario.
Bibliografía:
1. Konstantinopoulos P et al. J Clin Oncol 2020;38(11):1222-1245.
2. Colombo N et al. Annals of Oncology 2019;30:672–705
3. Penson R et al. J Clin Oncol 2020;38(11):1164-1174.
4. Moore K et al. N Engl J Med 2018;379(26):2495-2505
5. González-Martin A et al. N Engl J Med 2019; 381(25):2391-2402
6. Ray-Coquard I et al. Ann Oncol 2023;34(8):681-692.
7. Moore K et al. N Engl J Med 2023; 389(23): 2162-2174.
8. Lorusso D, et al. Lancet. 2026 Apr 18;407(10538):1513-1524.
9. Colombo N, et al. Lancet. 2026 Apr 18;407(10538):1525-1537.
Madrid, 4 de mayo de 2026.- La inmunoterapia, los anticuerpos conjugados y el desarrollo de biomarcadores están redefiniendo el tratamiento del cáncer de vejiga, contribuyendo de forma significativa a mejorar el pronóstico y aumentar las posibilidades de tratamiento y de control prolongado de la enfermedad.
Según las estimaciones de REDECAN y SEOM para 2026, en España se diagnosticarán 23.929 nuevos casos de cáncer de vejiga. La incidencia sigue siendo claramente superior en varones, en los que se estiman 19.496 nuevos diagnósticos, frente a 4.433 en mujeres. Se trata, por tanto, de uno de los tumores más frecuentes en nuestro medio y de una patología con un importante impacto sanitario.
La mayoría de los tumores se diagnostican en estadios localizados, donde existen opciones terapéuticas con intención curativa. En la enfermedad localmente avanzada o metastásica, los avances terapéuticos de los últimos años han mejorado de forma sustancial la supervivencia de los pacientes y han abierto la puerta a secuencias terapéuticas cada vez más eficaces y personalizadas.
En el marco de la campaña de comunicación ‘En Oncología cada AVANCE se escribe en Mayúsculas’, SEOM da a conocer la evolución y los avances médicos que se han sucedido en estas últimas décadas en el tratamiento de los diferentes tumores, en este caso, del cáncer de vejiga, coincidiendo con el Día Mundial de este tumor que se celebra mañana, día 5 de mayo.
Factores de riesgo
El tabaco sigue siendo el principal factor de riesgo del cáncer de vejiga. No solo daña la vía respiratoria a través del humo: muchos de los compuestos carcinógenos del cigarrillo se absorben, se eliminan por la orina y entran en contacto prolongado con el urotelio, favoreciendo la transformación maligna de sus células.
Otros factores de riesgo incluyen la exposición ocupacional a determinadas sustancias químicas de uso industrial, la exposición previa a ciclofosfamida y la esquistosomiasis en zonas endémicas. Algunos estudios también han sugerido una posible asociación entre la infección por VPH y algunos casos de cáncer de vejiga, aunque este aspecto sigue siendo objeto de investigación.
Aunque no se ha demostrado de forma concluyente que los antecedentes familiares aumenten de manera clara el riesgo en otros miembros de la familia, conviene extremar la atención en pacientes diagnosticados a edades tempranas.
Biología molecular
Los datos del proyecto The Cancer Genome Atlas (TCGA) han identificado el carcinoma urotelial como uno de los tumores con mayor carga de alteraciones genómicas. Las clasificaciones moleculares disponibles, aunque no idénticas entre sí, coinciden en distinguir grandes subtipos basales y luminales, con diferencias pronósticas y, probablemente, terapéuticas.
Más recientemente, la investigación clínica ha comenzado a traducir esa complejidad biológica a la práctica: biomarcadores como las alteraciones de FGFR, la expresión de HER2 o la detección de enfermedad mínima residual mediante ctDNA están adquiriendo un papel cada vez más relevante para seleccionar tratamientos y establecer el riesgo de recaída.
Tratamiento del carcinoma urotelial músculo-invasivo
En el carcinoma urotelial músculo-invasivo, el tratamiento de elección sigue siendo la cistectomía radical con linfadenectomía. Hasta el momento, la recomendación de tratamiento neoadyuvante para pacientes con tumores cT2/4N0M0, o como tratamiento adyuvante en pacientes con factores de alto riesgo después de la cistectomía radical (pT3/4 y/o afectación ganglionar) se fundamentaba en la quimioterapia basada en cisplatino con esquemas como MVAC a dosis densas (metrotexate, vinblastina, doxorrubicina y cisplatino) o la combinación de cisplatino y gemcitabina.
En pacientes seleccionados también puede valorarse una estrategia de preservación vesical mediante tratamiento trimodal, que combina resección transuretral máxima y radioquimioterapia concomitante.
En los últimos años, en el entorno adyuvante, el estudio CheckMate 274 supuso el primer gran cambio de paradigma al demostrar el beneficio de nivolumab en pacientes de alto riesgo tras cistectomía radical. Posteriormente, el estudio AMBASSADOR reforzó el papel de la inmunoterapia adyuvante al demostrar beneficio en supervivencia libre de enfermedad con pembrolizumab en una población similar.
En el entorno perioperatorio, el estudio NIAGARA consolidó otro paso adelante al demostrar que la incorporación de durvalumab a la quimioterapia basada en cisplatino y gemcitabina antes de la cirugía, seguida de durvalumab adyuvante, mejora la supervivencia global frente a la quimioterapia neoadyuvante sola. Este resultado posicionó a la inmunoterapia como una estrategia clave dentro del abordaje multimodal del tumor localizado.
Sin embargo, una de las novedades más relevantes en este último año ha sido la irrupción de enfortumab vedotina más pembrolizumab en el contexto perioperatorio. En pacientes no candidatos a cisplatino, el estudio fase III KEYNOTE-905/EV-303 ha demostrado que esta combinación, administrada antes y después de la cirugía, mejora de forma significativa la supervivencia libre de eventos, la supervivencia global y la tasa de respuesta patológica completa frente a la cirugía sola. Estos datos han sido especialmente importantes porque cubren una necesidad histórica en una población con opciones limitadas.
Además, pacientes candidatos a cisplatino, el estudio fase III KEYNOTE-B15/EV-304, presentado recientemente en 2026, ha mostrado que el esquema perioperatorio con enfortumab vedotina y pembrolizumab también supera al estándar clásico de quimioterapia neoadyuvante con gemcitabina y cisplatino, con mejoras en supervivencia libre de eventos, supervivencia global y respuesta patológica completa. En conjunto, estos resultados sitúan esta combinación como una de las estrategias con mayor potencial de cambio en el tratamiento perioperatorio del tumor localizado, tanto en pacientes no candidatos como en candidatos a cisplatino.
Otra novedad de gran interés es el estudio IMvigor011, que ha aportado la primera demostración fase III de una estrategia adyuvante guiada por enfermedad mínima residual. En pacientes con ctDNA detectable tras la cistectomía, atezolizumab mejoró la supervivencia libre de enfermedad y la supervivencia global frente a placebo.
Enfermedad avanzada o metastásica: nuevos estándares y nuevas dianas
Durante décadas, el tratamiento de elección para la enfermedad avanzada fue la quimioterapia basada en platinos. Más tarde, avelumab se convirtió en estándar de mantenimiento en pacientes cuya enfermedad no progresaba tras quimioterapia de primera línea, prolongando la supervivencia global y modificando el algoritmo terapéutico del carcinoma urotelial avanzado.
En la primera línea de tratamiento, los estudios CheckMate 901 y EV-302 demostraron que las combinaciones de inmunoterapia y/o anticuerpos conjugados podían superar por primera vez a los esquemas clásicos basados en platino. En particular, enfortumab vedotina más pembrolizumab ha supuesto un cambio de estándar de gran magnitud en la enfermedad metastásica.
En este nuevo escenario, la secuenciación óptima tras progresión a las combinaciones de primera línea sigue siendo una de las principales preguntas abiertas del campo.
Respecto a los tratamientos en segundas y sucesivas líneas, el enfortumab vedotina ha demostrado en el estudio fase III EV-301 beneficio en supervivencia global tras el tratamiento con platinos e inmunoterapia, y el estudio THOR demostró que erdafitinib mejora la supervivencia global frente a quimioterapia en pacientes con carcinoma urotelial avanzado o metastásico con alteraciones de FGFR tras tratamiento previo.
Además, a finales de 2025 se comunicaron resultados del estudio fase III RC48-C016 muy prometedores en tumores con expresión de HER2. En pacientes con carcinoma urotelial localmente avanzado o metastásico con expresión de HER2 (IHQ 1+, 2+ o 3+); la combinación de disitamab vedotina y toripalimab prolongó de forma marcada la supervivencia libre de progresión y la supervivencia global frente a quimioterapia. Aunque su papel exacto dentro del algoritmo terapéutico todavía debe definirse, estos datos refuerzan la idea de que el futuro del cáncer de vejiga será cada vez más biomarcador-dirigido.
En paralelo, la enfermedad no músculo-invasiva también está experimentando una etapa de innovación, con el desarrollo de estrategias intravesicales de liberación mantenida de quimioterapia y nuevas alternativas para pacientes con enfermedad no respondedora a BCG. Estos avances amplían el horizonte terapéutico y refuerzan el objetivo de preservar la vejiga cuando sea posible sin comprometer el control oncológico.
Investigación clínica y acceso
Todos estos avances han sido posibles gracias a la investigación clínica y a la generosa participación de los pacientes en ensayos clínicos, con una contribución muy significativa de centros españoles. La participación en ensayos sigue siendo, siempre que sea posible, una de las mejores opciones para seguir mejorando resultados y acelerar el acceso a terapias innovadoras.
No obstante, para que el impacto de estos progresos sea real, es imprescindible que los tratamientos que demuestran beneficios clínicamente relevantes se incorporen de manera equitativa y que el acceso al mejor tratamiento disponible sea universal. El reto ya no es solo innovar, sino hacer llegar la innovación a todos los pacientes que puedan beneficiarse de ella.
La inmunoterapia, los anticuerpos conjugados y el desarrollo de biomarcadores están redefiniendo el tratamiento del cáncer de vejiga, contribuyendo de forma significativa a mejorar el pronóstico y aumentar las posibilidades de tratamiento y de control prolongado de la enfermedad.
Según las estimaciones de REDECAN y SEOM para 2026, en España se diagnosticarán 23.929 nuevos casos de cáncer de vejiga. La incidencia sigue siendo claramente superior en varones, en los que se estiman 19.496 nuevos diagnósticos, frente a 4.433 en mujeres. Se trata, por tanto, de uno de los tumores más frecuentes en nuestro medio y de una patología con un importante impacto sanitario.
La mayoría de los tumores se diagnostican en estadios localizados, donde existen opciones terapéuticas con intención curativa. En la enfermedad localmente avanzada o metastásica, los avances terapéuticos de los últimos años han mejorado de forma sustancial la supervivencia de los pacientes y han abierto la puerta a secuencias terapéuticas cada vez más eficaces y personalizadas.
En el marco de la campaña de comunicación ‘En Oncología cada AVANCE se escribe en Mayúsculas’, SEOM da a conocer la evolución y los avances médicos que se han sucedido en estas últimas décadas en el tratamiento de los diferentes tumores, en este caso, del cáncer de vejiga, coincidiendo con el Día Mundial de este tumor que se celebra mañana, día 5 de mayo.
Factores de riesgo
El tabaco sigue siendo el principal factor de riesgo del cáncer de vejiga. No solo daña la vía respiratoria a través del humo: muchos de los compuestos carcinógenos del cigarrillo se absorben, se eliminan por la orina y entran en contacto prolongado con el urotelio, favoreciendo la transformación maligna de sus células.
Otros factores de riesgo incluyen la exposición ocupacional a determinadas sustancias químicas de uso industrial, la exposición previa a ciclofosfamida y la esquistosomiasis en zonas endémicas. Algunos estudios también han sugerido una posible asociación entre la infección por VPH y algunos casos de cáncer de vejiga, aunque este aspecto sigue siendo objeto de investigación.
Aunque no se ha demostrado de forma concluyente que los antecedentes familiares aumenten de manera clara el riesgo en otros miembros de la familia, conviene extremar la atención en pacientes diagnosticados a edades tempranas.
Biología molecular
Los datos del proyecto The Cancer Genome Atlas (TCGA) han identificado el carcinoma urotelial como uno de los tumores con mayor carga de alteraciones genómicas. Las clasificaciones moleculares disponibles, aunque no idénticas entre sí, coinciden en distinguir grandes subtipos basales y luminales, con diferencias pronósticas y, probablemente, terapéuticas.
Más recientemente, la investigación clínica ha comenzado a traducir esa complejidad biológica a la práctica: biomarcadores como las alteraciones de FGFR, la expresión de HER2 o la detección de enfermedad mínima residual mediante ctDNA están adquiriendo un papel cada vez más relevante para seleccionar tratamientos y establecer el riesgo de recaída.
Tratamiento del carcinoma urotelial músculo-invasivo
En el carcinoma urotelial músculo-invasivo, el tratamiento de elección sigue siendo la cistectomía radical con linfadenectomía. Hasta el momento, la recomendación de tratamiento neoadyuvante para pacientes con tumores cT2/4N0M0, o como tratamiento adyuvante en pacientes con factores de alto riesgo después de la cistectomía radical (pT3/4 y/o afectación ganglionar) se fundamentaba en la quimioterapia basada en cisplatino con esquemas como MVAC a dosis densas (metrotexate, vinblastina, doxorrubicina y cisplatino) o la combinación de cisplatino y gemcitabina.
En pacientes seleccionados también puede valorarse una estrategia de preservación vesical mediante tratamiento trimodal, que combina resección transuretral máxima y radioquimioterapia concomitante.
En los últimos años, en el entorno adyuvante, el estudio CheckMate 274 supuso el primer gran cambio de paradigma al demostrar el beneficio de nivolumab en pacientes de alto riesgo tras cistectomía radical. Posteriormente, el estudio AMBASSADOR reforzó el papel de la inmunoterapia adyuvante al demostrar beneficio en supervivencia libre de enfermedad con pembrolizumab en una población similar.
En el entorno perioperatorio, el estudio NIAGARA consolidó otro paso adelante al demostrar que la incorporación de durvalumab a la quimioterapia basada en cisplatino y gemcitabina antes de la cirugía, seguida de durvalumab adyuvante, mejora la supervivencia global frente a la quimioterapia neoadyuvante sola. Este resultado posicionó a la inmunoterapia como una estrategia clave dentro del abordaje multimodal del tumor localizado.
Sin embargo, una de las novedades más relevantes en este último año ha sido la irrupción de enfortumab vedotina más pembrolizumab en el contexto perioperatorio. En pacientes no candidatos a cisplatino, el estudio fase III KEYNOTE-905/EV-303 ha demostrado que esta combinación, administrada antes y después de la cirugía, mejora de forma significativa la supervivencia libre de eventos, la supervivencia global y la tasa de respuesta patológica completa frente a la cirugía sola. Estos datos han sido especialmente importantes porque cubren una necesidad histórica en una población con opciones limitadas.
Además, pacientes candidatos a cisplatino, el estudio fase III KEYNOTE-B15/EV-304, presentado recientemente en 2026, ha mostrado que el esquema perioperatorio con enfortumab vedotina y pembrolizumab también supera al estándar clásico de quimioterapia neoadyuvante con gemcitabina y cisplatino, con mejoras en supervivencia libre de eventos, supervivencia global y respuesta patológica completa. En conjunto, estos resultados sitúan esta combinación como una de las estrategias con mayor potencial de cambio en el tratamiento perioperatorio del tumor localizado, tanto en pacientes no candidatos como en candidatos a cisplatino.
Otra novedad de gran interés es el estudio IMvigor011, que ha aportado la primera demostración fase III de una estrategia adyuvante guiada por enfermedad mínima residual. En pacientes con ctDNA detectable tras la cistectomía, atezolizumab mejoró la supervivencia libre de enfermedad y la supervivencia global frente a placebo.
Enfermedad avanzada o metastásica: nuevos estándares y nuevas dianas
Durante décadas, el tratamiento de elección para la enfermedad avanzada fue la quimioterapia basada en platinos. Más tarde, avelumab se convirtió en estándar de mantenimiento en pacientes cuya enfermedad no progresaba tras quimioterapia de primera línea, prolongando la supervivencia global y modificando el algoritmo terapéutico del carcinoma urotelial avanzado.
En la primera línea de tratamiento, los estudios CheckMate 901 y EV-302 demostraron que las combinaciones de inmunoterapia y/o anticuerpos conjugados podían superar por primera vez a los esquemas clásicos basados en platino. En particular, enfortumab vedotina más pembrolizumab ha supuesto un cambio de estándar de gran magnitud en la enfermedad metastásica.
En este nuevo escenario, la secuenciación óptima tras progresión a las combinaciones de primera línea sigue siendo una de las principales preguntas abiertas del campo.
Respecto a los tratamientos en segundas y sucesivas líneas, el enfortumab vedotina ha demostrado en el estudio fase III EV-301 beneficio en supervivencia global tras el tratamiento con platinos e inmunoterapia, y el estudio THOR demostró que erdafitinib mejora la supervivencia global frente a quimioterapia en pacientes con carcinoma urotelial avanzado o metastásico con alteraciones de FGFR tras tratamiento previo.
Además, a finales de 2025 se comunicaron resultados del estudio fase III RC48-C016 muy prometedores en tumores con expresión de HER2. En pacientes con carcinoma urotelial localmente avanzado o metastásico con expresión de HER2 (IHQ 1+, 2+ o 3+); la combinación de disitamab vedotina y toripalimab prolongó de forma marcada la supervivencia libre de progresión y la supervivencia global frente a quimioterapia. Aunque su papel exacto dentro del algoritmo terapéutico todavía debe definirse, estos datos refuerzan la idea de que el futuro del cáncer de vejiga será cada vez más biomarcador-dirigido.
En paralelo, la enfermedad no músculo-invasiva también está experimentando una etapa de innovación, con el desarrollo de estrategias intravesicales de liberación mantenida de quimioterapia y nuevas alternativas para pacientes con enfermedad no respondedora a BCG. Estos avances amplían el horizonte terapéutico y refuerzan el objetivo de preservar la vejiga cuando sea posible sin comprometer el control oncológico.
Investigación clínica y acceso
Todos estos avances han sido posibles gracias a la investigación clínica y a la generosa participación de los pacientes en ensayos clínicos, con una contribución muy significativa de centros españoles. La participación en ensayos sigue siendo, siempre que sea posible, una de las mejores opciones para seguir mejorando resultados y acelerar el acceso a terapias innovadoras.
No obstante, para que el impacto de estos progresos sea real, es imprescindible que los tratamientos que demuestran beneficios clínicamente relevantes se incorporen de manera equitativa y que el acceso al mejor tratamiento disponible sea universal. El reto ya no es solo innovar, sino hacer llegar la innovación a todos los pacientes que puedan beneficiarse de ella.