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Cáncer de hígado

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Prevención

Como resulta lógico pensar, la prevención pasa por evitar los factores de riesgo asociados al desarrollo de cáncer de hígado.

En las áreas de alto riesgo, la vacunación frente a la hepatitis B, la mejora en la higiene de los alimentos, evitar la transmisión vírica mediante sangre contaminada, detener el desarrollo de la infección crónica tras la hepatitis aguda, y la reducción del consumo de alcohol son las bases fundamentales para intentar reducir la aparición de los tumores primarios de hígado.

En las áreas de bajo riesgo, pudiendo incluir aquí a España, la estrategia fundamental para prevenir esta enfermedad pasa por reducir los índices de alcoholismo en la población, y más recientemente mediante la prevención de la obesidad.

Entre los consejos para reducir el riesgo de desarrollar cáncer de hígado, podemos incluir:

  • Consumo de alcohol con moderación.
  • Medidas higiénico-dietéticas para la prevención y tratamiento de la obesidad.
  • Vacunación frente a la hepatitis B.
  • En caso de uso de jeringas, usar siempre una aguja limpia, sin compartir la jeringa con  otras personas.
  • Uso de preservativo en las relaciones sexuales siempre que se desconozca si la pareja  es monógama o si puede padecer hepatitis.
El desarrollo de tratamientos antivirales frente la hepatitis C ha permitido reducir el desarrollo de cirrosis en estos pacientes y, consecuentemente el riesgo de desarrollar hepatocarcinoma. Incluso en el supuesto de cirrosis secundaria a infección por virus C, ésta puede ser reversible tras el tratamiento antiviral.

No se ha descrito ningún programa de detección precoz (screening) eficaz en la población sana.

El seguimiento ecográfico semestral de los pacientes con cirrosis, y para pacientes con infección por el virus de la hepatitis B, es recomendado por la Asociación Europea para el Estudio del Hígado y por la Asociación Americana para el Estudio de Enfermedades Hepáticas.

El seguimiento es recomendado con el fin de reducir la mortalidad relacionada con el cáncer, pese a reconocerse la ansiedad que provoca este seguimiento, así como las imperfecciones de la radiología, especialmente en los tumores pequeños. Los pacientes en los que se recomienda este seguimiento son:

  • Pacientes con infección hepatitis B: varones de Asía-Pacífico mayores de 40 años, mujeres de Asia-Pacífico mayores de 50 años, pacientes con cirrosis, ante antecedente familiar de hepatocarcinoma, y africanos por encima de los 20 años.
  • Pacientes con cirrosis causada por: infección hepatitis C, enfermedad hepática alcohólica, hemocromatosis genética, y cirrosis biliar primaria.

La realización del test sanguíneo para la determinación del marcador tumoral alfa-fetoporteína no sólo no incrementa la capacidad de detección, asociado a la ecografía, sino que puede aumentar el número de falsos diagnósticos.


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