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Prevención

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La prevención primaria se define en términos de salud pública como una prevención etiológica, es decir, actuaciones que conducen a la reducción de la incidencia de casos de cáncer.
Dado que la mayoría de los cánceres se producen por factores exógenos, y aunque no es posible dejar de considerar el importante papel que desempeña la predisposición genética, se puede afirmar que el cáncer es evitable. Éste es el principio fundamental que debe primar en la planificación de medidas de control, y debe considerarse una prioridad sanitaria el desarrollo de todas las medidas posibles que lleven a la eliminación de estos factores causales.
 

No fume. No consuma ningún tipo de tabaco. Haga que su hogar esté libre de humo. Apoye las políticas libres de humo en su lugar de trabajos

El tabaco es el responsable del 30% de la mortalidad producida por cáncer de acuerdo con la estimación clásica de Doll y Peto. La tasa de mortalidad entre fumadores de 35 a 69 años es tres veces más elevada que entre los no fumadores. Aproximadamente la mitad de los fumadores habituales de cigarrillos morirán probablemente a causa de su consumo. Un gran número de ellos no son especialmente grandes fumadores, sino que se caracterizan por el hecho de que han comenzado a fumar en la adolescencia. 

La mitad de las muertes debidas al tabaco se producen entre los 35 y los 69 años, lo que con respecto a la expectativa de vida de los no fumadores significa una pérdida de 20 a 25 años. Se ha estimado que, en relación con el incremento del riesgo de cáncer debido al consumo diario de cigarrillos, la reducción de la expectativa de vida es de 2 a 3 años si se fuman 10 cigarrillos al día, de 5 a 7 años cuando se fuman 20 cigarrillos diarios y de 8 a 10 si se fuman 40 cigarrillo al día.

El riesgo de cáncer de pulmón es 20-25 veces mayor en fumadores comparado con no fumadores. Este riesgo aumenta con el número de años fumando, el número de cigarrillos diarios, y la edad de inicio del hábito tabáquico.
Por el contrario, es bueno dejar de fumar, incluso en personas que han fumado muchos años. Si se abandona el hábito tabáquico, el incremento en el riesgo de cáncer inducido por el tabaco disminuye, independientemente de la edad a la que se abandone, aunque el abandono del tabaco antes de los 40 años produce mayor beneficio. La ventaja es evidente en el plazo de 5 años y es más marcada con el paso del tiempo, tendiéndose a igualar este riesgo al de los no fumadores a los 10-15 años.

El tabaco es responsable, como hemos comentado, del cáncer de pulmón, pero también está implicado en el desarrollo de otros tumores, como la leucemia, los tumores de la esfera ORL, el cáncer de esófago, de estómago, páncreas, hígado, cérvix, riñón, colon y vejiga, y podría estar implicado también en el cáncer de próstata y mama.

Por otro lado, el consumo de tabaco está implicado en el desarrollo de otras enfermedades no neoplásicas (enfermedad coronaria, vascular, pulmonar…). En el conjunto de los países desarrollados un 25-30% de todas las muertes en edades entre los 35 y 69 años son atribuibles al tabaco.

Respecto a los cigarrillos electrónicos, no existe evidencia de su seguridad a largo plazo. El uso de estos cigarrillos no implica la quema de tabaco ni la inhalación de humo de tabaco, por tanto se espera tener menor riesgo de enfermedad y muerte con estos cigarrillos. Aunque existen otro tipo de preocupaciones y la seguridad a largo plazo no está establecida, es por ello que se necesita más investigación en este sentido.

El humo del tabaco lanzado al ambiente por los fumadores es dañino para las personas que lo inhalan (“fumadores pasivos”). Causa un pequeño incremento en el riesgo de cáncer de pulmón (se estima en 1%), de enfermedades cardio-respiratorias, siendo particularmente perjudicial en niños pequeños que presentan un riesgo incrementado de afecciones respiratorias, cardiacas, otorrinolaringológicas, asma grave y muerte prematura y súbita del lactante.

Fumar durante el embarazo aumenta el riesgo de muerte fetal, bajo peso al nacer y alteraciones en el desarrollo psicomotor.

Por ser el tabaco el factor aislado extensamente conocido con mayor impacto carcinogénico y un factor susceptible de prevención con la adopción de determinadas medidas, constituye el factor de riesgo con mayor potencialidad preventiva.

En la última década, se han establecido medidas de carácter normativo y legislativo, centradas en acuerdos sobre política fiscal con incremento de impuestos de tabaco, limitación de la publicidad -tanto directa como indirecta-, extensión de la prohibición de fumar en áreas públicas libres de humo, mejora de la información al consumidor (sobre los efectos, composición del tabaco) y actividades educativas y lúdicas alternativas con promoción de hábitos saludables (deporte…)

Por otra parte, el consejo médico decidido y perseverante para dejar de fumar ha demostrado ser una de las medidas más útiles y eficientes para ganar años y calidad de vida en el conjunto de la población. La información continuada a la población constituye un valioso recurso para facilitar a los ciudadanos la adopción de decisiones saludables.

Con estas medidas se pretende evitar el inicio del tabaquismo que resulta ser el objetivo básico, dirigido fundamentalmente a los adolescentes; disminuir la prevalencia de fumadores, proteger a la población no fumadora, mejorar la información general sobre los efectos y composición del tabaco y ayudar activamente al abandono del tabaco, sobre todo en población de mayor riesgo.

 

Tome medidas para tener un peso corporal saludable. Realice alguna actividad física en la vida cotidiana. Limite el tiempo que pasa sentado Mantenga una dieta saludable

SEn Europa las personas que siguen un estilo de vida saludable tienen un menor riesgo de cáncer estimado en el 18%, respecto a aquellas que no siguen una forma de vida ajustada a las recomendaciones. Este estilo de vida saludable incluye: un peso corporal normal (IMC: 18,5-24,9 Kg/m2) y evitar los alimentos que promueven el aumento de peso (bebidas azucaradas y comida rápida); realizar alguna actividad física durante, al menos, 30 minutos al día; si es posible, lactancia para las mujeres; comer principalmente alimentos de origen vegetal; limitar el consumo de carnes rojas; evitar las carnes procesadas; y limitar el consumo de bebidas alcohólicas.

Se estima que los factores alimentarios explican aproximadamente el 30-35% de los cánceres en los países industrializados, lo que hace de la dieta el segundo factor después del tabaco como causa teóricamente prevenible de cáncer.

A medida que la cantidad de grasa aumenta en el cuerpo, el riesgo de desarrollar ciertos tipos de cáncer también lo hacen. Aunque el riesgo es mayor en personas obesas, el riesgo aumenta de manera constante con la cantidad de grasa que se tiene. Por ello se recomienda permanecer en la parte inferior del rango normal, siempre teniendo en cuenta la constitución de cada persona, que influirá en el peso corporal ideal de cada uno.

Los tipos tumorales relacionados con el exceso de peso son el cáncer de intestino (colon y recto), riñón, esófago (adenocarcinoma), páncreas y vesícula biliar y, en mujeres, cáncer de mama (postmenopáusicas), endometrio y ovario. Tabla 2 

Tabla 2. Resumen de los factores relacionados con dieta y ejercicio y el riesgo de sufrir cáncer
 

 
Relación convincente

 

Menor riesgo

 

 

Mayor riesgo

 

Actividad física

Colon

Sobrepeso y obesidad

 

Esófago, estómago, colon y recto, mama en mujeres posmenopáusicas, páncreas y vesícula biliar,

endometrio, ovario, riñón, otros

 

 

 

 Alcohol

 

Cavidad bucal, faringe, laringe,

esófago, hígado, mama

 

 

 

 

Aflatoxina

 

Hígado

 

 

 

Pescado en salazón al estilo chino

 

Nasofaringe

 
Relación probable

 

Menor riesgo

 

 

Mayor riesgo

 

Frutas y verduras

 

cavidad bucal, esófago,

estómago, colon y recto

 

 

Carne en conserva

 

Colon y recto

Actividad física

Mama, endometrio

 

Alimentos en salazón y sal

 

Estómago

 

 

  

Bebidas y alimentos muy calientes

 

Cavidad oral, faringe, esófago

 
Relación posible/ Datos insuficientes

Menor riesgo

  

Mayor riesgo

 

 

Fibra

Soja

Pescado

Ácidos grasos n-3

Carotenoides Vitaminas B2,, B6, folato, B12, C, D, E

Calcio, zinc y selenio

Productos no nutrientes de origen vegetal (sustancias presentes en el ajo, flavonoides, isoflavonas, lignanos)

Grasas animales

Aminas heterocíclicas

Hidrocarburos aromáticos policíclicos

Nitrosaminas
Bebidas azucaradas

 

Para algunos cánceres, el efecto preventivo de una actividad física regular podría producirse independientemente de control del peso. Este es el caso del cáncer colorrectal, el cáncer de mama y el de endometrio, sea cual sea su peso corporal.
El efecto protector de la dieta podría mejorar con el aumento de los niveles de la actividad, aunque la recomendación es la de realizar ejercicio moderado, sobre todo en individuos con enfermedad cardiovascular.

Una actividad física regular podría implicar media hora al día, tres veces por semana de un ejercicio que incremente la sensación de calor, suponga una ligera sudación y aumente el ritmo respiratorio y la frecuencia cardíaca permitiendo hablar. O sus equivalentes.

El papel de la dieta en la contribución al desarrollo de cáncer es bien conocida, existen algunos alimentos o nutrientes claramente relacionados con algunos tipos de cáncer; sin embargo, la dificultad que suponen los estudios epidemiológicos de este tipo, resulta muy difícil atribuir el riesgo a un determinado alimento o componente de la dieta.

En líneas generales, un consumo abundante de cereales, legumbres, frutas y verduras es beneficioso para reducir el riesgo de cáncer, particularmente de tumores digestivos (esófago, estómago, colon, recto). Por otra parte la conservación de alimentos en salazón o ahumados incrementa el riesgo de cáncer gástrico, junto con la infección por H, pylori; y la contaminación de algunos alimentos con aflatoxinas (frutos secos), incrementa el riesgo de cáncer de hígado.

Diversos factores determinantes del peso corporal (como la actividad física, la ingesta energética total, el consumo de tabaco y alcohol) influyen por separado en el riesgo de padecer cáncer, por lo que es difícil determinar el efecto preciso de la obesidad, la actividad física y la dieta, sin relación con otros hábitos y por separado.

 

Papel de la dieta en la etiología de los principales cánceres

Cánceres de la cavidad bucal, la faringe y el esófago

El sobrepeso y la obesidad son factores de riesgo establecidos específicamente para el adenocarcinoma (aunque no para el carcinoma de células escamosas) del esófago. Se cree que en los países en desarrollo alrededor del 60% de los cánceres de la cavidad bucal, la faringe y el esófago se deben a carencias de micronutrientes relacionadas con una dieta limitada, pobre en frutas y verduras y en productos de origen animal. También hay pruebas congruentes de que el consumo de bebidas y alimentos a muy alta temperatura aumenta el riesgo.
 
El cáncer nasofaríngeo es particularmente común en Asia sudoriental y se ha  asociado claramente a una elevada ingesta de pescado salado al estilo chino, especialmente  durante la primera infancia.
 

Cáncer de estómago

La infección por la bacteria Helicobacter pylori es un factor de riesgo confirmado, pero no causa suficiente, para la aparición de cáncer de estómago. Se cree que la dieta es importante en la etiología de esta enfermedad. Hay numerosas pruebas que sugieren que el riesgo aumenta con una ingesta elevada de algunos alimentos en salazón conservados mediante técnicas tradicionales, especialmente carnes y encurtidos, y con la ingesta de sal propiamente dicha, y ese riesgo disminuye con un alto consumo de frutas y verduras quizá debido a su contenido de vitamina C.
 

Cáncer colorrectal

Se ha sugerido que los factores relacionados con la dieta pueden ser responsables de hasta el 80% de las diferencias en la incidencia entre países.

El factor de riesgo relacionado con la dieta que mejor se ha determinado es el sobrepeso/obesidad. La actividad física se ha asociado de forma sistemática con un menor riesgo de cáncer de colon.

El riesgo de cáncer de colon aumenta linealmente con el índice de masa corporal (IMC). Se estima que el 29,5% de todos los cánceres de colon son atribuibles a un IMC > 22,5 Kg/m2).

Los aspectos de la dieta «occidentalizada» figuran entre los principales factores determinantes del riesgo; por ejemplo, algunos datos indican que el riesgo aumenta con una elevada ingesta de grasas y carne, y disminuye con una ingesta elevada de frutas y verduras, fibra alimentaria, folato y calcio, aunque ninguna de esas hipótesis ha sido confirmada de forma concluyente.
Los datos sugieren que un alto consumo de carne en conserva y de carne roja probablemente aumenta el riesgo de cáncer colorrectal.

Muchos estudios de casos y controles han observado una débil relación entre el riesgo de cáncer colorrectal y un consumo elevado de fruta y verduras y/o fibra alimentaria, pero los resultados de estudios prospectivos recientes de gran alcance han sido dispares. Además, los resultados de ensayos controlados aleatorizados no han demostrado que la intervención durante un periodo de 3-4 años con fibra suplementaria o una dieta baja en grasas y rica en fibra y frutas y verduras reduzca la reaparición de adenomas colorrectales.

En conjunto, los datos actualmente disponibles parecen indicar que la ingesta de frutas y verduras probablemente reduce el riesgo de cáncer colorrectal. 
 

Cáncer de hígado

La ingestión de alimentos contaminados con la micotoxina aflatoxina es un importante factor de riesgo en los países en desarrollo, junto con la infección activa por el virus de la hepatitis.
 
El consumo excesivo de alcohol es el principal factor de riesgo relacionado con la dieta en el cáncer de hígado en los países industrializados, probablemente por la aparición de cirrosis y hepatitis alcohólica. 
 

Cáncer de páncreas

El sobrepeso y la obesidad posiblemente aumentan el riesgo. Algunos estudios sugieren que el riesgo aumenta con una ingesta elevada de carne y disminuye con una ingesta elevada de verduras, pero los datos no son consistentes.
 

Cáncer de pulmón

Muchos estudios observacionales muestran que los enfermos de cáncer de pulmón refieren generalmente un menor consumo de frutas, verduras y nutrientes relacionados (como el b-caroteno). Sin embargo, el único de esos factores que se ha analizado en ensayos controlados, el b-caroteno, no ha tenido ningún efecto beneficioso cuando se ha suministrado como suplemento por espacio de hasta 12 años.
 

Cáncer de mama

Los únicos factores alimentarios que se ha demostrado que aumentan el riesgo de cáncer de mama son la obesidad y el alcohol.
 
La obesidad aumenta en torno al 50% el riesgo de cáncer de mama en las mujeres posmenopáusicas, probablemente al aumentar las concentraciones séricas de estradiol libre.
 
La obesidad no aumenta el riesgo entre las mujeres premenopáusicas, pero la obesidad antes de la menopausia probablemente propicia la obesidad durante el resto de la vida y por consiguiente, con el tiempo, un mayor riesgo de cáncer de mama.
 
Las mujeres con un IMC> 25 Kg/m2 tienen 2-3 veces más riesgo.
 
En cuanto al alcohol, existen datos de estudios bien diseñados que muestran de modo uniforme un ligero aumento del riesgo con el aumento del consumo; el riesgo aumenta alrededor de un 10% por cada bebida alcohólica adicional que se tome al día. Se desconoce el mecanismo de esta asociación, aunque podría estar relacionada con un incremento de los niveles de estrógenos.
 

Cáncer de endometrio

El riesgo de cáncer endometrial es unas tres veces mayor en las mujeres obesas que en las delgadas, probablemente debido a los efectos hormonales de la obesidad. Algunos estudios de casos y controles parecen indicar que las dietas ricas en frutas y verduras reducirían el riesgo y las dietas ricas en grasas saturadas o grasas totales lo aumentarían, pero la cantidad de datos disponibles es limitada.

Asimismo, el ejercicio físico o, dicho de otro modo, evitar el sedentarismo, podría disminuir el riesgo de cáncer de endometrio.
 

Cáncer de próstata

Los estudios realizados apuntan a una relación con la dieta «occidentalizada». Los datos obtenidos en estudios prospectivos no han establecido asociaciones causales o de protección respecto de nutrientes o factores alimentarios concretos.
 
Los ensayos controlados aleatorizados han aportado sistemáticamente datos contundentes indicativos de que los suplementos de b-caroteno no alteran el riesgo de cáncer de próstata, pero también parecen indicar que la vitamina E y el selenio podrían tener un efecto protector.
 
En el cáncer de próstata, los niveles plasmáticos altos de IGF-1 parecen favorecer la tumorogénesis por el efecto antiapoptótico y estimulante de la proliferación celular. Además, infrarregula la síntesis de SHBG (Globulina de unión a hormonas sexuales) y la síntesis de hormonas esteroideas sexuales.
 

Cáncer de riñón

El sobrepeso y la obesidad son factores de riesgo conocidos en relación con el cáncer de riñón, y podrían explicar hasta el 30% de los cánceres renales tanto en varones como en mujeres. Presentar un IMC> 30 Kg/m2 duplica el riesgo frente a los que presentan un IMC< 21 Kg/m2. 
 

Si usted bebe alcohol de cualquier tipo, limite su consumo. No consumirlo es mejor para la prevención del cáncer

El alcohol se considera implicado en el 3% de las muertes por cáncer en los países desarrollados.

Existen evidencias epidemiológicas de que el consumo de alcohol aumenta el riesgo de cáncer de la cavidad oral, faringe, laringe, esófago, hígado, colorrectal y mama. Además, el riesgo tiende a incrementarse con la cantidad de etanol ingerido. El consumo simultáneo de alcohol y tabaco, por su efecto sinérgico, aumenta notablemente el riesgo de cáncer de vías respiratorias y del tracto digestivo superior (hasta 35 veces). Las personas que fuman y beben aumentan entre 10 y 100 veces el riesgo de cáncer si las comparamos con las que no lo hacen.

Es bien conocido el esquema en forma de U (o de J) de la distribución de la ingestión de alcohol en relación con el riesgo de enfermedades cardiovasculares, de mortalidad cardiovascular y de mortalidad total. Parece haberse demostrado, entre quienes consumen alcohol con moderación (una unidad (10gr de etanol) diaria en mujeres o dos unidades al día en varones), un ligero efecto protector frente a enfermedades cardiovasculares. Beber más de eso, aumenta el riesgo de cardiopatía y accidente cerebrovascular.

Sin embargo, cualquier cantidad de alcohol ingerida aumenta el riesgo de padecer cáncer. Cuanto mayor es la cantidad de alcohol ingerida mayor es el riesgo. La reducción en su consumo o evitarlo por completo, ayudará a reducir el riesgo de cáncer.

 

Evite el exceso de sol, especialmente en niños. Use protección solar. No tome rayos Ultravioleta

El incremento de la incidencia de tumores cutáneos se relaciona con la exposición a la radiación ultravioleta y el tipo de piel.
La incidencia del melanoma se ha duplicado en Europa entre los años 60 y los años 90 y esto se atribuye al importante incremento de la exposición intensa al sol. Su tasa de aumento ha superado a la de todos los demás cánceres, con excepción del aumento de la tasa del cáncer de pulmón en las mujeres.

La incidencia de cánceres epiteliales (carcinoma basocelular y espinocelular) también ha aumentado en todos los países europeos. Aunque mucho menos peligrosos para la vida que el melanoma, estos tumores representan el 95% de todos los cánceres de piel.
Una exposición excesiva al sol acumulada durante toda la vida contribuye al riesgo de melanoma. Esto queda ilustrado por el hecho evidente de que las lesiones cutáneas no melanomatosas inducidas por el sol, como el carcinoma de células basales y las queratosis actínicas, constituyen factores significativos de riesgo de melanoma.

Por otra parte estudios de casos realizados en Europa han puesto de manifiesto que la relación existente entre el riesgo de melanoma y exposición al sol no es simple relación acumulativa. Se ha observado, que presentan mayor riesgo las personas que trabajan en locales cerrados que las que lo hacen al aire libre, lo que hace pensar que el carácter intermitente de la exposición es crucial (es decir, que lo dañino es el ciclo: estar blanco en invierno, rosado en primavera y bronceado en verano). Los individuos con más riesgo son los de piel muy clara, particularmente los pelirrojos (pero no exclusivamente), individuos con pecas y con una tendencia de quemarse con el sol.

La exposición excesiva al sol es más nociva durante la infancia y la adolescencia que durante la edad adulta. Estudios de casos han revelado que las quemaduras del sol que se producen antes de los quince años constituyen un factor de riesgo para el melanoma.
Los solarios y lámparas ultravioleta tienen el mismo efecto dañino en la piel como la luz solar natural y se debe evitar en todo momento. Existen casos, de algunas enfermedades que precisan tratamiento con lámparas ultravioleta, estos deben ser siempre tratados bajo supervisión médica.

El consejo sobre la protección solar debe consistir en moderar la exposición al sol, para reducir su exposición a lo largo del curso de la vida y evitar exposiciones extremas y bronceado intenso.

La mejor protección contra el sol es evitar en lo posible la exposición, al menos entre las 11:00 y las 16:00 horas (período en que la exposición ultravioleta es mayor) así como el uso de gafas de sol y de pantallas (cremas solares)..

 

En el lugar de trabajo, protéjase frente a sustancias que causen cáncer siguiendo las instrucciones de salud y seguridad

Se estima que hasta el 5% de los casos de cáncer son atribuibles a la exposición a sustancias cancerígenas, presentes en el medio ambiente y en el medio laboral.

En general, las medidas preventivas van a depender más de acciones legislativas y normativas que de cambios en la conducta individual de las personas; generalmente, se requiere la coordinación entre diferentes instancias y administraciones.

Los gobiernos deben definir las políticas y poner los reglamentos y vigilar el cumplimiento de estas normas; fabricantes u otras industrias necesitan adaptar sus procesos para cumplir con las regulaciones; y los empleadores deben proporcionar medidas de protección para sus trabajadores.
Las personas también pueden contribuir a un entorno más saludable, por ejemplo, ayudando a disminuir la contaminación ambiental usando menos el coche.

En nuestro ámbito existen criterios relativos a la clasificación, envasado y etiquetado de sustancias y preparados químicos peligrosos (Reales Decretos 363/95 y 255/03), y a la protección de los trabajadores contra los riesgos relacionados con la exposición a agentes cancerígenos en el ámbito laboral (RD 665/97).

La mayoría de los carcinógenos ocupacionales han sido evaluados por la IARC (Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer).

Los cánceres que se han asociado, con mayor frecuencia, a exposiciones ocupacionales son los de pulmón, vejiga, mesotelioma, laringe, leucemia, angiosarcoma de hígado, fosas nasales y piel (no melanoma).

Otros tumores con menor evidencia también asociados incluyen los de cavidad oral, nasofaringe, esófago, estómago, colorrectal, páncreas, mama, testículo, riñón, próstata, cerebro, huesos, sarcoma de tejido blandos, linfomas y mieloma múltiple.

 

Averigüe si está expuesto a la radiación de niveles naturalmente altos de radón en su hogar. Tome medidas para reducirlo si estos fueran altos 

El radón es un gas radiactivo natural que se produce en la corteza terrestre. No puede ser detectado por los seres humanos, porque no tiene color ni olor, pero puede medirse debido a su radiactividad. Está presente sobre todo en las zonas con más uranio natural en el suelo y en las rocas; por lo que nuestros hogares pueden estar expuestos. 

La exposición a radón aumenta el riesgo de cáncer de pulmón. Este riesgo es proporcional a la concentración de radón en el aire y la duración de la exposición. Además, es más probable que este riesgo aumente en personas fumadoras y exfumadoras.

Existen mapas que se pueden utilizar para conocer si la zona de nuestra casa tiene mayor o menor riesgo de tener niveles altos de radón. Asimismo, existen métodos para medir la concentración del gas en nuestro medio, así como sistemas para reducir los niveles de radón en caso de ser altos, mediante sellado, impermeabilización y ventilación de las viviendas.

Hay además otras fuentes de radiación ionizante, siendo la más importante la producida con fines médicos (estudios radiológicos diagnósticos y terapéuticos), pero cuyo fin produce mayor beneficio, siempre a juicio médico.

Sólo una pequeña parte de los cánceres podrían estar producidos por radiación. En la mayoría de las situaciones, la combinación de un buen control regulador sobre la radiación y material radiactivo, así como el buen juicio clínico en el entorno médico y una buena atención al radón en el interior de los hogares, se puede mantener la exposición de radiación y el riesgo de cáncer asociado muy bajo.

 

Para las mujeres

La lactancia materna reduce el riesgo de cáncer de la madre. Si puede, amamante a su bebé
 
Las mujeres que amamantan a sus bebés durante un periodo prolongado de tiempo tienen menor riesgo de cáncer de mama, comparado con las mujeres que no lactan. 

Cuanto más tiempo de lactancia, mayor protección contra el cáncer de mama. La reducción de riesgo es aproximadamente 4% por cada 12 meses acumulados de lactancia materna. Esto se suma a la reducción de riesgo conocida por tener un bebé.

Por otra parte, la lactancia materna prolongada ayuda a la mujer a reducir la ganancia de peso a largo plazo, además promueve el retorno al peso anterior al embarazo.

La terapia hormonal sustitutiva (THS) aumenta el riesgo de ciertos tipos de cáncer. Limite su uso

La terapia hormonal sustitutiva es un tratamiento específico prescrito, generalmente, para tratar los síntomas de la menopausia en las mujeres.

El uso de este tratamiento, aumenta el riesgo de algunos tipos de cáncer como son el cáncer de mama, el cáncer de endometrio y el cáncer de ovario. El patrón de riesgo de cáncer depende del tipo de terapia, es decir, de la composición hormonal de la misma (estrógenos sólo o en combinación con progestágenos).

Los estudios han demostrado que el aumento de riesgo de cáncer de mama asociado a tratamiento hormonal de estrógenos y progesterona se produce después de unos años de tratamiento y se mantiene elevado durante al menos cinco años después de la discontinuación de la terapia, aunque el riesgo comienza a disminuir poco después de la retirada del mismo. Es por ello que este tratamiento se debe de tomar el mínimo tiempo posible y a la menor dosis, siempre bajo recomendación médica.

En cuanto a los anticonceptivos orales, que constan de estrógenos y progesterona, poseen propiedades preventivas y causantes de cáncer; por lo que no hay una recomendación clara que se pueda dar a este respecto.

 

Asegúrese de que sus hijos participen en los programas de vacunación

Asegúrese de que sus hijos participen en los programas de vacunación para:

Hepatitis B (recién nacidos)

La hepatitis B es una infección del hígado producida por el virus de la hepatitis B (VHB). Este virus causa daños en el hígado, y cuanto más tiempo dura la infección (hepatitis B crónica), más altas son las probabilidades de desarrollar cáncer de hígado.
El virus se transmite de persona a persona a través de fluidos corporales contaminados o sangre. Nunca se transmite por el aire, los alimentos o el agua.

La vacunación contra el virus de la hepatitis B es segura y reduce las probabilidades de desarrollo de cáncer hepático (hepatocarcinoma). Aunque no hay que olvidar otras causas de hepatocarcinoma, entre las que se encuentran el alcohol y la infección por virus de la hepatitis C.

Debe vacunarse a los niños recién nacidos dentro de las primeras 24 horas de nacer, según recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS). 

Virus del papiloma humano o HPV (para las niñas)

El virus del papiloma humano o VPH es un virus que causa una infección de transmisión sexual común. Hay muchos subtipos de HPV, pero sólo algunos de ellos (los tipos 16 y 18), a veces, causan cáncer de cérvix (cuello uterino) y otros cánceres.
La mayoría de las infecciones por este virus son asintomáticas y es muy común en el adulto. La mayor parte de las veces, esta infección no causa daño alguno, el sistema inmunitario hace frente a ella sin secuelas, en otras ocasiones aparecen verrugas y, en algunos casos, la infección no desaparece y puede conducir a la aparición de cáncer.

Los tumores que puede producir la infección por HPV son, fundamentalmente, el cáncer de cérvix, también de vulva y vagina en mujeres, el cáncer de canal anal y de garganta en hombres y mujeres y, cáncer de pene en los hombres.

La vacunación frente al HPV puede prevenir la infección por los subtipos de virus que causan aproximadamente el 70% de los cánceres de cuello uterino. Sin embargo, esta vacunación sólo es efectiva para las personas que aún no han sido infectadas por tal. Por esta razón se recomienda vacunar a las niñas antes de que sean sexualmente activas.

La OMS recomienda la vacunación para las niñas de entre 9 y 13 años, edad en la que, generalmente, no han iniciado la actividad sexual. La vacunación en los niños no se ofrece actualmente en los programas de salud pública, debido a razones económicas y que los cánceres en varones ocurridos por HPV son menos frecuentes.

Por otro lado, a pesar de la vacunación, es importante que las mujeres participen en los programas de cribado de cáncer de cérvix . Estas vacunas son eficaces en la prevención de la infección por los subtipos 16 y 18 de HPV que causan la mayoría de tumores; pero no son efectivas frente a otros subtipos menos comunes, pero que también pueden producir cáncer.

 
 

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