Los pacientes con tumores cerebrales pueden presentarse de muy diversas maneras al diagnóstico. Pueden estar asintomáticos y con una exploración neurológica normal, o pueden presentar dolores de cabeza, náuseas, vómitos, confusión, cambios en la conducta, pérdida de memoria, crisis convulsivas, debilidad para la movilización, visión doble, pérdida de visión, etc..
Los hallazgos neurológicos en la exploración serán variables según la extensión del tumor y útiles en el seguimiento.
La valoración radiológica con resonancia magnética tras la intervención permitirá conocer si el paciente presenta enfermedad residual y su extensión. Una vez que el paciente ha completado el tratamiento local y la quimioterapia si lo precisa, pasará a seguimiento.
Los tumores del sistema nervioso central se caracterizan por su crecimiento y recaída local, es decir, por su reaparición en la misma zona donde se encontraban al diagnóstico. Es mucho menos frecuente la recaída multicéntrica y/o la extensión meníngea. La extensión de estos tumores a la médula espinal o fuera del sistema nervioso central es un hecho excepcional.
Sólo algunos tumores, como el meduloblastoma, pueden diseminarse a otros órganos (principalmente hueso y órganos linfáticos).
No existen recomendaciones en cuanto a la periodicidad de las revisiones, pero dependerá de las características biológicas de la lesión extirpada. El seguimiento debe ser clínico fundamentalmente, con controles radiológicos periódicos, realizados con la resonancia magnética. Puede ser necesaria la realización de estudios analíticos sobre todo en aquellos pacientes con tratamiento anticonvulsivante que requieran un control de sus niveles en sangre.
El empeoramiento clínico durante la evolución es debido, en la mayoría de las ocasiones, a la recaída de la enfermedad, pero puede ser indistinguible clínica y radiológicamente de los cuadros de radionecrosis secundarios a toxicidad tardía por la radioterapia. Una resonancia con espectroscopia, una tomografía por emisión de positrones (PET) o una tomografía por emisión de positrón único con Talio 201 (SPECT-Talio201), pueden permitirnos diferenciar la radionecrosis de la recaída de la enfermedad.
Al igual que durante todo el curso de la enfermedad, en caso de recaída el paciente deberá ser evaluado por un equipo multidisciplinar para plantear si existen opciones de rescate quirúrgico, tratamiento radioterápico, quimioterápico o únicamente tratamiento sintomático.
No existen recomendaciones en cuanto a la periodicidad de las revisiones, pero dependerán de las características biológicas de la lesión extirpada. El seguimiento debe ser clínico fundamentalmente, con controles radiológicos periódicos con resonancia magnética. Puede ser necesaria la realización de estudios analíticos sobre todo en aquellos pacientes con tratamiento anticonvulsivante que requieran un control de sus niveles en sangre.
El empeoramiento clínico durante la evolución es debido en la mayoría de las ocasiones a la recaída de la enfermedad, pero puede ser indistinguible clínica y radiológicamente de los cuadros de radionecrosis secundarios a toxicidad tardía por la radioterapia. Una resonancia con espectroscopia, una tomografía por emisión de positrones (PET) o una tomografía por emisión de positrón único con Talio 201 (SPECT-Talio201), pueden permitirnos diferenciar la radionecrosis de la recaída de la enfermedad.
Al igual que durante todo el curso de la enfermedad, en caso de recaída el paciente deberá ser evaluado por un equipo multidisciplinar para plantear si existen opciones de rescate quirúrgico, tratamiento radioterápico, quimioterápico o únicamente tratamiento sintomático.





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