Una vez que se efectúa el diagnóstico de linfoma de Hodgkin es necesaria una completa evaluación del paciente para determinar la extensión de la enfermedad. Hay tres aspectos de esta fase de la evaluación que son importantes en los pacientes con linfoma de Hodgkin:
- En primer lugar, hay que determinar la extensión de la enfermedad en los ganglios linfáticos.
- En segundo lugar, hay que descartar que el linfoma esté afectando a órganos no ganglionares (médula ósea, hígado, pulmón y hueso).
- Finalmente, debido a que el tratamiento posiblemente va a incluir radioterapia, quimioterapia o ambas, puede ser necesaria la evaluación de órganos como los pulmones, el corazón y la médula ósea para determinar su grado de tolerancia a los efectos adversos del tratamiento, así como la función de órganos como el hígado o los riñones que deben eliminar los residuos tóxicos del tratamiento.
Estos tres objetivos se pueden alcanzar mediante la realización de los siguientes exámenes:
- Interrogatorio médico detallado (anamnesis): su objetivo es conocer el estado de salud previo del paciente y determinar cualquier síntoma que pueda orientarnos para el conocimiento de la extensión de la enfermedad.
- Exploración física: se dirige a detectar ganglios linfáticos u órganos (hígado, bazo) aumentados de tamaño y a comprobar el estado previo de salud del paciente.
- Pruebas de laboratorio: las pruebas de laboratorio deben incluir un recuento sanguíneo completo y análisis de los diferentes tipos de glóbulos blancos, además de pruebas de la función del hígado y los riñones. También es necesaria la determinación de la velocidad de sedimentación globular y del proteinograma. Además, es muy recomendable la determinación de las inmunoglobulinas y de serologías para evaluar antecedentes de infecciones por virus de Epstein-Barr, hepatitis B y C y virus de la inmunodeficiencia humana.
- Tomografía axial computarizada (TAC): La exploración mediante TAC del tórax, el abdomen y la pelvis nos permite conocer si existen ganglios linfáticos internos aumentados de tamaño y si están afectados el bazo, el hígado o el pulmón. Además es imprescindible para la planificación del tratamiento con radioterapia.
- Tomografía por emisión de positrones: esta prueba no es obligatoria pero si muy recomendable. Nos permite conocer con más exactitud que el TAC la extensión de la enfermedad. Además sirve para evaluar la respuesta al tratamiento cuando el TAC ofrece dudas acerca de la remisión de la enfermedad, porque puede diferenciar la persistencia del linfoma de la presencia de cicatrices residuales no malignas que son muy frecuentes tras el tratamiento del linfoma de Hogdkin.
- Biopsia de médula ósea: En la biopsia de médula ósea se inserta una aguja en la parte posterior de hueso ilíaco a través de la piel, ya sea con anestesia local o con sedación. Se extrae una pequeña cantidad de hueso y médula ósea. Este procedimiento no es necesario para todos los pacientes con linfoma de Hodgkin, sino sólo en aquellos con más probabilidad de compromiso de la médula ósea que dependerá de los resultados analíticos y de los estudios de imagen.
- Otras exploraciones: en ocasiones pueden ser necesarias otras exploraciones complementarias (estudios de función respiratoria, ecocardiografías, resonancia magnética, gammagrafía ósea).





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