¿Cómo se puede prevenir el cáncer?

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La prevención del cáncer es posible mediante la detección precoz de alteraciones celulares en la citología o test de Papanicolau y, recientemente, con la administración de la vacuna, lo cual evitará el contagio e infección del virus HPV.

En la etapa inicial, los cambios que experimenta una célula son simplemente anormales, no malignos. Algunas de estas alteraciones (fase precancerosa) son el primer paso de una serie de cambios progresivos que pueden terminar en cáncer. La mayoría de veces estas células anormales desaparecen sin tratamiento, pero en otos casos comienzan a transformarse en malignas.

Esta fase de la enfermedad se denomina displasia (crecimiento anormal de las células). El tejido precanceroso debe ser extirpado para evitar que el cáncer se desarrolle. A menudo, este tejido puede extirparse o destruirse sin dañar el tejido sano.

Dado que el cáncer de cuello uterino normalmente se desarrolla lentamente, aparece unos 10 a 15 años después de la infección por VPH inicial y sólo si esta persiste durante este periodo de tiempo.

La enfermedad empieza con una infección por VPH que el cuerpo no consigue eliminar espontáneamente. El virus causa cambios en las células cervicales que al principio, no son significativos, pero con el paso del tiempo pueden empeorar y evolucionar a cáncer.

Esquema del proceso de la enfermedad


Con el test de Papanicolau (citología), los cambios en las células cervicales pueden ser identificados, lo que permite ofrecer a la paciente un seguimiento o el tratamiento adecuado de la lesión.

Este proceso puede ser inverso, ya que la mayoría de veces el sistema inmunitario elimina el virus. En este caso, la citología volverá espontáneamente a la normalidad, si bien las pacientes deberán realizarse los controles que indique su ginecólogo.

A - Prevención con la vacuna. Esperanza para el futuro inmediato

En junio 2006 se aprobó en Estados Unidos la primera vacuna (Gardasil) para prevenir la infección de 4 tipos de HPV. Dos de los mismos (HPV16-18) son los responsables del 70 % de casos de cáncer de cérvix. La vacuna está aprobada para su administración a mujeres de entre 9 y 26 años que no hayan estado expuestas previamente al virus. La vacuna no protege si las mujeres ya han sido infectadas, lo que explica la importancia de la inmunización del organismo antes de su exposición al virus. Esta vacuna no protege contra otros virus que también pueden ser causantes de cáncer, y tampoco previene otro tipo de infecciones de transmisión sexual. Además esta vacuna previene de la infección de dos virus e la misma familia HPV de bajo riesgo que son los causantes del 90 % de las verrugas genitales En 2009, se aprobó en EEUU una segunda vacuna llamada Cervarix para la prevención de cáncer de cérvix en mujeres entre 10 y 25 años. Dado que el HPV es un factor de riesgo para cáncer de pene y el varón infectado es fundamental para la transmisión del virus, también en el año 2009 se aprobó la vacuna Gardasil para la población masculina niños y hombres entre los 9 y 26 años.

Se administra la vacuna mediante tres inyecciones intramusculares en un periodo de seis meses. La necesidad de revacunación dependerá de los resultados que ofrezcan los estudios actualmente en curso. Existen datos que la inmunidad contra el HPV dura un mínimo entre 3-5 años. El seguimiento de los pacientes vacunados dentro de los ensayos clínicos aportará información de la necesidad de re-vacunación.

Las vacunas profilácticas (preventivas) son objeto actualmente de numerosos estudios. Disponemos de datos de grandes ensayos clínicos que han demostrado la eficacia en la prevención de lesiones cervicales premalignas Debido a que una lesión premaligna tarda varios años en ser un cáncer infiltrante, probablemente necesitaremos unos 10 años en tener evidencia que el numero de nuevos cánceres en la población vacunada ha disminuido. Los datos de eficacia apuntan a que la prevención del cáncer de cuello uterino puede convertirse en realidad en un futuro próximo.

El “screening” o cribado continuará siendo el mejor método de protección contra el cáncer de cuello uterino para las mujeres adultas. Aunque sus hijos o nietos ya serán vacunados, éstas deberán seguir bajo el cribado, ya que hay otros tipos de HPV que pueden ser causa de cáncer de cérvix y contra los cuales no tenemos aún vacunas.

La vacuna del HPV es segura y eficaz en la prevención de la infección persistente del virus. La vacuna es útil para prevenir la infección persistente del virus NO es un tratamiento efectivo para eliminar la infección una vez que está establecida.

B - Prevención del cáncer mediante el tratamiento precoz de las lesiones

Si los cambios celulares no desaparecen o progresan se debe realizar una colposcopia (examen más exhaustivo del cuello uterino) para definir las características, extensión de la lesión y, como consecuencia valorar si precisa tratamiento o únicamente vigilancia.

Si se observa una anomalía en el cuello del útero durante la colposcopia, puede tomarse una pequeña muestra de tejido (biopsia). Los resultados de la biopsia o curetaje ayudarán a mejorar la precisión del diagnóstico.

Si se confirman alteraciones en las células cervicales, se debe realizar tratamiento para que sean eliminadas y prevenir así el desarrollo de cáncer. Estos tratamientos son altamente eficaces y la gran mayoría de mujeres tratadas no tendrán ningún problema posterior. En general, estos tratamientos primarios no afectan a la fertilidad de la mujer.

La elección de un tratamiento u otro, por parte del especialista, dependerá del tipo de lesión:

Conización:
Es el tratamiento más común de los que se utilizan en la actualidad. Consiste en eliminar las células que presentan alteraciones mediante la escisión de tejido del cuello uterino en forma de cono. Puede hacerse utilizando una asa diatérmica (cauterizador) o un bisturí frío, en cuyo caso se precisará posteriormente de unos puntos hemostáticos ( para que no sangre). Puede hacerse ambulatoriamente, dura sólo unos minutos y se realiza con anestesia local.

LLETZ:
Es la escisión de la Zona de Transición mediante asa. El material obtenido es menor que con la conización.

Criocirugía:
Se usa una pequeña sonda fría que permite eliminar las células con anomalías mediante la congelación. Este procedimiento también puede hacerse ambulatoriamente y prácticamente no causa molestias. Con este método no se obtiene muestra para ser analizada por los especialistas en anatomía patológica.

Evaporación por láser:
En este método se usa un láser que concentra un haz de rayos de alta energía para calentar y vaporizar los tejidos con alteraciones. Se efectúa con anestesia local. Tampoco se obtiene material para ser analizado por anatomía patológica y por ello estos dos últimos procedimientos son menos utilizados.

Cuidados tras el tratamiento

Después del tratamiento, la mujer puede tener pequeñas hemorragias o pérdidas que durarán entre 3-4 semanas. Durante este tiempo:

Use compresas, no tampones. Evite hacer ejercicio físico. No mantenga relaciones sexuales hasta que las pérdidas o hemorragias hayan desaparecido completamente y, después, use preservativos durante un mes mientras la herida cicatriza.

Estos tratamientos son normalmente satisfactorios y la mayoría de las mujeres no presentarán ningún problema adicional. Sin embargo, un pequeño número continuará teniendo resultados citológicos alterados o con anomalías, necesitando un tratamiento posterior. La mujer deberá seguir revisiones ginecológicas regulares según las indicaciones de su especialista. Además, deberá continuar con su seguimiento (cribado cervical habitual).

 

 

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