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Cuando el cáncer de próstata se ha extendido más allá de la glándula la deprivación androgénica es la estrategia de tratamiento usualmente recomendada.
Tratamiento inicial o de primera linea
Existen varias opciones disponibles para conseguir disminuir o eliminar los niveles de andrógenos:
- Orquiectomía: cirugía que consiste en extirpar los testículos (donde está la mayor fuente de andrógenos del cuerpo
- Inyecciones de agonistas de la LHRH: son fármacos que actúan sobre la hormona que regula la cantidad de andrógenos que producen los testículos. Los más empleados son: Goserelina, Leuprorelina, Triptorelina, Buserelina. Todos ellos se administran mediante inyección mensual o trimestral.
- Bloqueo androgénico completo: combinación de agonistas LHRH con antiandrógenos actúan sobre los receptores de andrógenos, los más usados Flutamida y Bicalutamida. Esta opción conlleva mayores efectos secundarios indeseables además de ser más costosa. Por otro lado, consigue un modesto beneficio en supervivencia (1-5% a los 5 años). Según las recomendaciones de la Sociedad Americana de Oncología la monoterapia con análogos LHRH y la orquiectomía son opciones aceptadas y recomendadas en el tratamiento inicial del cáncer de próstata avanzado.
El bloqueo hormonal intermitente es una alternativa para mejorar la calidad de vida de los pacientes que precisan tratamiento hormonal.
Consiste en retirar el tratamiento durante un periodo de tiempo, permitiendo así que el paciente recupere la función sexual, al menos temporalmente. Normalmente se retira el tratamiento una vez conseguida máxima respuesta y se reinicia de nuevo cuando los niveles de PSA se elevan por encima de un determinado nivel (10-20 ng/ml) o si aparece un nuevo foco de metástasis. Sin embargo, el tiempo que el paciente puede permanecer libre de tratamiento tiende a ir disminuyendo progresivamente ya que el riesgo de que la enfermedad progrese aumenta según aumentan los niveles de testosterona en sangre.
El impacto de esta forma de tratamiento ha sido evaluado en múltiples estudios y parece ser adecuado para un subgrupo de pacientes con enfermedad metastásica debidamente informados del beneficio / riesgo de esta estrategia.
El tratamiento en monoterapia con andrógenos se asocia con una menor tasa de disfunción sexual y también produce menos pérdida de masa ósea. Sin embargo no puede ser considerada una forma de tratamiento estándar para el cáncer de próstata y su uso debería estar restringido a casos muy seleccionados como tumores de bajo grado o bien enfermedad metastásica de poco volumen.
La mayoría de los pacientes responden a una primera maniobra hormonal pero también prácticamente todos fallan al tratamiento, sobre todo dentro de los primeros dos años. En esta etapa, son considerados tumores andrógeno-resistentes, es decir la deprivación androgénica es ineficaz como tratamiento. Sin embargo, una pequeña proporción de pacientes pueden responder a una segunda manipulación hormonal (se debe a que una pequeña parte de las células tumorales aún responden al retirar la influencia de los andrógenos).





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