Factores Pronósticos

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El oncólogo valorará diferentes características de la enfermedad y del paciente, para estimar el pronóstico y valorar el tratamiento más adecuado

Entre los factores pronósticos a considerar están:

Histología: Es el factor pronóstico más importante. Los tipos tumorales más habituales son:

  • Gliomas:
    • Astrocitomas
    • Oligodendrogliomas
    • Ependimomas
  • Meningiomas
  • Linfomas
  • Tumores embrionarios: Meduloblastomas, etc.
  • Tumores germinales
  • Tumores de la glándula pineal, etc.

Grado histológico: Informa de la biología del tumor, de su mayor o menor velocidad de crecimiento. Para establecerse, se observan las características biológicas de las células del tumor, y dentro de estas las que se consideran principalmente son:

Atipia nuclear: alteraciones en el núcleo de la célula tumoral con respecto a las células del tejido sano.
Mitosis: Las células se observan en división e indica mayor capacidad de crecimiento.
Microproliferación vascular: Aparición de nuevos vasos pequeños con alteraciones morfológicas, (arterias o venas de pequeño tamaño).
Necrosis: Zonas del tumor con células muertas, en relación con un crecimiento rápido.

En general, se les dividirá en bajo grado (grado I y II), y alto grado (grado III y IV), estos últimos con peor pronóstico.

En el caso de los astrocitomas nos encontraremos con astrocitomas pilocíticos o grado I (más frecuentes en la infancia y sin ninguna de las características de agresividad descritas); astrocitomas de bajo grado (sólo con atipia celular), astrocitomas anaplásicos o grado III (con atipia y mitosis generalmente) y astrocitoma grado IV o glioblastomas (con atipia, mitosis, microproliferación endotelial y/o necrosis).

En los demás tipos histológicos se le suele asociar el término de anaplásico para describir su grado más alto.

Alteraciones genéticas y moleculares: Algunas características genéticas de los tumores les hacen más o menos agresivos, y con mayor o menor capacidad para responder a los tratamientos. Entre las conocidas hoy en día están la alteración en los cromosomas 9 y 19 en los oligodendrogliomas; en algunos oligodendrogliomas se detecta una pérdida de material genético en esos cromosomas y esto condiciona un mejor pronóstico.

Hoy en día se conocen otras alteraciones con menos implicaciones diagnósticas, pero sí pronósticas como son la metilación del gen de la enzima MGMT (06-metilguanilmetiltransferasa) y mutaciones en el gen de la IDH (isocitrato deshidrogenasa). Tanto la metilación de MGMT como la existencia de mutación en IDH pueden conferir un mejor pronóstico.

Estado funcional: Las capacidades del paciente para hacer una vida más o menos independiente plantean diferentes pronósticos. Cuanto mayor sea la independencia, es decir, mejor estado funcional, menos síntomas de la enfermedad padecerá, y por ello tendrá un mejor pronóstico.

Edad: En adultos, cuanto más joven, en general, el pronóstico es más favorable.

Tumor residual tras la cirugía: Puesto que la cirugía en estos tumores se intenta hacer máxima, pero respetando la funcionalidad del paciente para evitarle secuelas, con mucha frecuencia, queda enfermedad residual. Cuanto menor sea el tumor que ha quedado, mejor será el pronóstico.

Localización: La situación del tumor condiciona diferentes síntomas, con un mayor o menor deterioro del paciente según las zonas afectadas y como consecuencia de esto, también puede influir en el pronóstico.

Extensión metastásica de la enfermedad: La extensión a otros órganos o a ganglios linfáticos es excepcional; sólo algunos tipos de tumores cerebrales presentan esta tendencia a diseminarse fuera del sistema nervioso central o a otras zonas del sistema nervioso central por el líquido cefalorraquídeo. Su extensión a distancia condiciona un peor pronóstico.

 

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