El cerebro tiene pocas posibilidades de expandirse (crecer) al estar rodeado de una estructura ósea rígida y cerrada. Por ello, cuando aparece un tumor y crece, los síntomas se presentan en general de forma rápida y brusca. Se pueden presentar diferentes combinaciones de síntomas en función del área afectada. Pueden debutar con crisis epilépticas (convulsiones) o síntomas generales como falta de concentración, lentitud de pensamiento, cambios de carácter o comportamiento (denominados cognitivos), o síntomas secundarios debidos al incremento de la presión intracraneal (dolor de cabeza, vómitos) o finalmente con síntomas más relacionados con la localización del tumor como pueden ser alteraciones en los movimientos o del lenguaje, etc.
Los síntomas dependen principalmente de la localización por lo que los referimos en este sentido (Ver localizaciones en el Apartado de Anatomía).
En tumores de los lóbulos frontales pueden aparecer alteraciones denominadas motoras como parálisis de la cara o extremidades, trastornos del lenguaje, trastornos de la función cognitiva (cambios de humor y falta de atención), alteraciones de la conducta y de la personalidad e incontinencia (pérdida) urinaria y/o intestinal.
En tumores de los lóbulos temporales pueden aparecer trastornos visuales, o auditivos o del equilibrio o del olfato y gusto. También trastornos del lenguaje o de la memoria así como alteraciones emocionales y de la conducta.
Los lóbulos parietales no tienen una buena separación del resto de lóbulos lo que ocasiona manifestaciones clínicas más complejas. Se pueden presentar diversos síntomas como trastornos visuales o dificultad en el reconocimiento de objetos.
En los tumores de los lóbulos occipitales destacan sobre todo los trastornos visuales incluyendo la ceguera.





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