De la mayoría de los análisis y estudios en este campo, hoy en día, se concluye que la realización de mamografías periódicas en mujeres de 50 a 69 años, conduce a una disminución del riesgo de morir por cáncer de mama.
En mujeres más jóvenes se aconseja un análisis personalizado por el notable aumento de falsos positivos.
El signo más frecuente es la aparición de un nódulo (bulto) en la mama, normalmente no doloroso. A veces se observan cambios en el color de la piel o retracción de la misma, sobre todo del pezón.
Otro signo que puede aparecer es la secreción por el pezón.
Cuando la afectación axilar es importante, puede notarse un bulto en la axila de tamaño variable.
Si notase alguno de estos síntomas, debe consultar con su ginecólogo o cirujano para que lo valore e inicie un estudio más profundo si lo considera apropiado.
Cuando existe una sospecha de cáncer de mama bien por la exploración física (tanto por la paciente como por un médico) o bien por una mamografía de rutina, se inicia un estudio que puede necesitar una o varias de las siguientes pruebas:
- MAMOGRAFÍAS: son imágenes de rayos X que detectan zonas anómalas en la mama. No tienen un 100% de fiabilidad por lo que pueden dar imágenes sospechosas que finalmente no sean malignas (falsos positivos) o dejar de diagnosticar algún tumor maligno (falsos negativos). Todas las pruebas de imagen requieren una confirmación histológica (análisis del tejido bajo el microscopio) que dé el diagnóstico definitivo.

- ECOGRAFÍA: técnica que utiliza los ultrasonidos para producir una imagen y que puede distinguir lesiones quísticas (rellenas de líquido, normalmente no tumorales) de lesiones sólidas (más sospechosas). Muchas veces esta técnica resulta complementaria a la mamografía.
- RESONANCIA MAGNÉTICA NUCLEAR (RMN): es una exploración radiológica que utiliza la acción de un campo electromagnético para la obtención de imágenes. Puede ser complementaria a las otras dos técnicas o utilizarse para estudiar otras partes del cuerpo como la médula espinal o el cerebro.
- BIOPSIA: consiste en la extracción de una muestra del tejido de la zona sospechosa para analizarlo en el microscópico y poder determinar las características benignas o malignas del mismo, así como el tipo de células tumorales, el grado de agresividad de las mismas y algún otro parámetro de interés a la hora de tomar decisiones sobre el tratamiento.
Hay varias formas de conseguir la muestra. El cirujano y en algunas ocasiones el radiólogo decidirán cuál es la más conveniente en cada caso según la exploración física y las pruebas de imagen previas.
- PAAF (punción aspiración con aguja fina). Puede hacerse por palpación directa o guiada por ecografía. La muestra extraída puede ser suficiente para el diagnóstico de cáncer.
- BAG (biopsia con aguja gruesa). La muestra obtenida mediante esta técnica es mayor.
- BIOPSIA QUIRÚRGICA. La que se realiza en quirófano. Puede ser:
- Incisional, cuando se extirpa una parte de la zona sospechosa
- Excisional, cuando se extirpa toda la zona sospechosa.
A veces, cuando la zona sospechosa sólo se ve en pruebas de imagen (y no hay alteraciones en la exploración física), se marca la zona sospechosa con una aguja guiada por alguna técnica de imagen para que pueda ser identificada por el cirujano.
Otras pruebas
A veces pueden ser necesarias otras pruebas para comprobar si el tumor se ha extendido a otras partes del cuerpo.
- RADIOGRAFÍA DE TÓRAX: normalmente se realiza antes de la cirugía y sirve para descartar afectación pulmonar por el tumor.
- ECOGRAFÍA ABDOMINAL: imagen del abdomen, conseguida utilizando ultrasonidos. Se utiliza para valorar el hígado y resto de estructuras abdominales.
- GAMMAGRAFÍA ÓSEA: es un examen que detecta áreas de aumento o disminución en el metabolismo de los huesos y se utiliza entre otras cosas para valorar si el tumor se ha extendido a los huesos.
- TAC (tomografía por emisión de positrones): es una técnica de rayos X con la que se visualizan distintas áreas del cuerpo. Se utiliza para valorar la extensión del tumor a otros órganos y sólo se considera necesaria en algunos casos.
- PET (tomografía por emisión de positrones por sus siglas en inglés): se realiza inyectando un fármaco radioactivo (habitualmente azúcar radioactivo) que luego se mide. Las células tumorales consumen mayor cantidad de glucosa que las células sanas y esto es lo que se detecta. Presenta falsos positivos con relativa frecuencia y no suele utilizarse de rutina.





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